Cuando la tibieza afecta a la Seguridad Nacional

Tras el atentado de Berlín, el 19 de diciembre de 2016, en el que fueron asesinadas 12 personas por un terrorista a los mandos de un camión, en lo que era la primera expresión de una nueva amenaza yihadista en Europa, el Ministro del Interior manifestaba en Espejo Público, que la coordinación entre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en España era extrema y que un atentado de esas características, en nuestro país no se podía producir. Es evidente que su intención era no causar alarma ciudadana y mantener la seguridad subjetiva con la que afortunadamente vivimos los españoles, pero si analizamos el lenguaje no verbal del propio Zoido, nos daremos cuenta de la poca convicción con la que pronunciaba esas forzadas palabras.

El atentado se ha producido, un país conmocionado, familias rotas y el sentimiento unánime de condena bajo el grito de “no tenemos miedo”. No tenemos miedo porque contamos con una excelente Policía, en la que confiamos, a la que valoramos por su valor y entrega en momentos tan complicados como los vividos en Cataluña. Mi más sincero reconocimiento a todos esos compañeros que corrían en dirección contraria al resto para ayudar y servir sin saber lo que se iban a encontrar y sin importarles poner en riesgo su vida para asegurar la del resto.

Transcurridos unos días de la masacre, hay varias cuestiones que llaman poderosamente la atención y sobre las que tendríamos que reflexionar. La primera de ellas es la coordinación. Una coordinación muy mejorable y que es fundamental para minimizar los riesgos de cara al futuro. Y no estamos hablando de un robo en un establecimiento o de un pequeño trapicheo de droga. La Seguridad Nacional está en juego. El incumplimiento sistemático de la Ley Orgánica 2/86, motiva que no se comparta información entre Cuerpos, creando unos celos absurdos que hacen que la seguridad se resienta. Las competencias, en materia de Seguridad Nacional, que el Gobierno de España ha ido transfiriendo a Cataluña como moneda de cambio de algún acuerdo político, vulnerando así la Ley Orgánica de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, otorgan a al gobierno catalán la independencia suficiente para actuar al margen de nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, en asuntos de tanta trascendencia como la Cooperación Internacional, Fronteras o el mismo Terrorismo.  En España, tenemos dos Cuerpos de Seguridad Estatal de los mejorcito del mundo. Policía Nacional y Guardia Civil cuentan con años de experiencia en materia de terrorismo y decenas de atentados a sus espaldas. Los mejores profesionales visten de azul y verde. Los responsables de los Mossos, en un afán de mostrar al mundo su independencia, no han compartido con Policía Nacional y Guardia Civil, en tiempo real, toda la información que tenían tras la explosión de Alcanar. Y en asuntos de Seguridad Nacional, eso no debe suceder. Desde los primeros indicios de que ese suceso apuntaba a algo gordo, el Ministerio del Interior, debería haber ordenado el despliegue de Policía Nacional y Guardia Civil en el lugar.  Cuantos más especialistas hubiesen trabajado sobre el terreno, mayores hubiesen sido las posibilidades de tener un resultado satisfactorio.

Si los atentados, en lugar de producirse en Barcelona, se hubiesen perpetrado en Madrid o en otra ciudad de España, no tengo duda de que el nivel de alerta terrorista ya se hubiese elevado y nuestro Ejército estaría patrullando las calles. En el escenario actual, mejor no molestar a los mandamases catalanes.

En asuntos de Seguridad Nacional dejemos la tibieza a un lado y actuemos con contundencia. Dotemos a Policía Nacional y Guardia Civil de los medios y de las mismas retribuciones con las que cuentan las policías autonómicas y dejémosles trabajar confiando plenamente en ellos ya que su valía está fuera de toda duda y su experiencia está sobradamente contrastada.

Roberto Gonzalez.

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